Vivo en el corazon de una isla del Caribe...lugar del mundo donde la musica y el humor, en ocasiones, son nuestro unico alimento.
Tambor, Canto a Capela & Corazón Insular.
(Gran Caribe, crisol de amor y amistad, por y con los pueblos).
“(…) Pa’ arrollá’ (…) que ya la conga/ va a pasá’/ va a
arrolla’/ (…) suénala/ negro a ve’/ (…) ya ‘tá to’/ debaratá (…) suave negra/
por Dio’(…) que tu negro ‘ta cansa’/ ya ‘tá to’ debaratá (…)
Los Guaracheros de Oriente
“Alegre Conga”
“(…) Soy como un barco a la deriva/ un pez afuera de la pecera/ (…)una
guitarra desafinada(…)”
Franco
de Vita
“Barco a la deriva”
“You gonna leave/ your troubles/
behind,/ you’ll gotta walk/ don’t look back/”
Peter
Tosh
“You gotta walk, don’t look
back”
“(…) Saltan de los cráneos de las piedras chispas/ Que
los pensamientos de las piedras son (…)/Y los hombres negros cantan cuando pican/como si ablandara las piedras su
voz./ Mas los hombres cavan, y no acaban nunca…/ Cavan la cantera: la de su
dolor(…)”
Manuel del Cabral
“Trópico Picapedrero” (1942)
Fragmento
“Baila en la calle/ de noche/
baila en la calle/ de día/pa’ que el viejo baile/ con la vieja/mía (…) Casandra, René, Fradique,
aquí está tu carnaval!”
Luis Dias
Tema Carnaval, República
Dominicana (1984)
Versión en Vivo Sonia Silvestre & L. Días. Fuente: Radio Santa María
“(…)A partir del movimiento social de 1946, el arte popular,
el folklore, adquiere derecho de ciudadanía en Haití; el tambor “ossotor”
sustituye al plano; los bailes afrohaitianos a la música
europeizante; los artistas y el público descubren en su negrura una fuente
inagotable de creación e interpretación (…)”
Gerard Pierre-Charles
“Haïti La crisis ininterrumpida, 1930-1975
Ed. Union Democratica de Emigrantes Haitianos (UDEH) –MST, Santo
Domingo, s/f, p 32
Yoe F. Santos
Mientras sigo escuchando el mundo en su rumor matinal, lo mismo en “If the children cry” -con la desgarradora voz de Papa Wemba-, “Gone at last” -en la versión de Paul Simon- como en el virtuosismo y la imaginación desplegados, en los solos de los Marsalis, la Fania, Vinicius de Morais, Louis Armstrong, Monk, Marley, Maria Bethania, Tosh, Ñico Saquito, Milton Nascimento, Barreto, Harry Belafonte, Ñico Lora, Gilberto Gil, Aretha Franklyn, Catarey, Celia Cruz, José Antonio Molina, Hernández, Lee Hooker, Croato, Cliff, Parker, Arrow, Tata Güines, Michel Camilo, Totó Bissainthe, Rivera, Arsenio, Curet, Ana Marina Guzmán, Luis Días, Miguelito Mañana -en Grupo “Convite”- Portabales, Duluc, Soportón, Teodoro y Frank Reyes, Guarionex Aquino, Almengot, Susana Baca, Pacheco, Dylan, Chichí Peralta, Clapton, Moré, Juan Luis Guerra, Tatico, Cachao o Santana: un hilo invisible, aunque no por ello menos mágico, los une entre si, pero al mismo tiempo, engarza con otras generaciones, de amantes de las músicas -de las otredades, las herejías de ayer y las herencias- recién nacidos en la temporalidad finisecular, o pendientes de nacer en el transcurso del siglo, que balbucea ante nuestros ojos.
A medida prospera el reloj, en su conteo, para medir la mañana del domingo, el reproductor va cabalgando -por
escuelas, ritmos, tiempos- sigo hundiéndome hasta la cintura en mis pensamientos. Pienso en nuestro Afro-Caribe, “festivalito de raices” - 10 de Octubre de 1992- y la reacción virulenta de las autoridades –como en el lejano Oeste, pidiendo a los “forasteros” que abandonaran la ciudad de Moca, so pena de volver a ser arrestados- para aquel entonces. Expresión de un exceso de celo por la conmemoración del V Centenario, desde el litoral monocorde del sector público y la hispanofilia beatífica. Tales sectores no imaginaron jamás desde el Vaticano, una petición de perdón de la Iglesia Católica finisecular, por las violencias y atropellos de la colonización, incluyendo obviamente, las prohibiciones u obstrucciones a la diversidad lingüístico-culturales, derivadas de instituciones como la Encomienda y la
Esclavitud.
Tenemos un refrán ilustrativo, para tales tipos de resistencias, entre seguidores de un credo: “No se puede, ni hay que ser, mas papistas, que el Papa”…
Violencia institucional, contra artistas y escritores, que solo habían decidido tomarse el día libre para escuchar música y compartir los frutos de su imaginación, mirándose cara a cara, unos a otros, en tempo de la poesía.
Ahora cuando el reconocimiento de la diversidad, como derecho avanza en Naciones Unidas -y de forma particular, en las investigaciones y propuestas de UNESCO- imagino que el tiempo, en cierta medida nos esta dando la razón: la humanidad sensible, no tuvo esperar otros cinco siglos para ver desenmascarar las limitantes de la exclusión y la discriminación, lo mismo en Durban, que en los recientes pronunciamientos de la
ONU, en torno al destino y la legitimidad de los reclamos, de los pueblos originarios,
a escala mundial.
Afortunadamente, no todo es sombras en la viña del señor, en el caso del movimiento mundial llamado comercialmente músicas del mundo o World music – lo que crea una generalización, deshistorizante, de las músicas, sus funciones, contextos y aportaciones rítmicas, retóricas, melódicas- lo mismo en la canción popular, que en el folklore, al patrimonio de la humanidad, convirtiéndolo en un producto mas para exportación, desarticulando o desanudando –ritmo, pieza, canto, entonación- del contexto local, de las funciones que tales sonoridades desempeñan o desempeñaban -en los procesos internos, en la cotidianidad de las comunidades y culturas, en las cuales fueron detectados- antes de la estilización o la fusión.
Aun conscientes de la reserva anterior, por centurias, el Caribe, ha ocupado un lugar de importancia, en la renovación expresiva, desde la fusión, como en la identificación de la riqueza lírica, instrumental y el virtuosismo de muchos de sus cultores o ejecutantes.
Sólo la combinación sinergística de esfuerzos aparentemente dispersos o inconexos, la contribución del registro industrial o artesanal –fonográfico y audiovisual- con la pasión desplegada por los propios artistas, en alianzas fértiles -investigadores, extensionistas, gestores y animadores culturales, universidades, organizaciones territoriales, centros de
investigación, centros culturales- así como el concurso de las municipalidades y el Estado central por la preservación, catalogación y divulgación, de estos ricos yacimientos del patrimonio mundial: han permitido, que individuos de múltiples latitudes, que nunca han estado presentes en la región, se decidan por ejemplo aaprender a bailar o tocar salsa, merengues, el feeling, la balada o los boleros.
Lo anterior, constituye un tributo común al talento en la región -en su proyección, diferenciación y trascendencia como paisaje, voces, ritmos, ejecutantes o instrumentistas o interpretes- por quienes los aceptan como son o como fueron, hasta pasar sus producciones de mano en mano, instituyéndolos -unos mas y otros menos- como patrimonios de la humanidad, o al menos de la región afectiva y sonora, del Gran Caribe. Nos une.
Me miro al espejo. Una corriente de siglos, se despereza en mis sentidos. Una nueva cartografía emocional, se dibuja, en el llamado continente de la esperanza.
Un conjunto de imágenes. Paisajes. Emergen. Canciones. Historias. Se agolpan. Un collage de tiempos, voces, ríos crecidos, hombres, lanzándose a la mar, colgándose unos a otros en la espesura del bosque. Alaridos. Húmeda oscuridad. Penosos descensos hasta el centro de la tierra. Y afuera la lluvia, colgando de un violín, semidormido por el paso del tiempo.
La creatividad de la gente, para resistir y dejar su huella, nos ha hecho únicos/as, como la forja de un nuevo mineral indestructible -aleación de la esperanza, la alegría, la laboriosidad,la hospitalidad, la dignidad y la imaginación- de nuestros pueblos, en su policromía y polirritmia.
Su entrenamiento sistemático en siglos, saltando obstáculos, venciendo los malos vientos con tenacidad, pasión y locura -insumos abundantes en la latinidad genética que también llevamos dentro- antepuestos en
la ruta, para coronar sus suenos, corriendo, atesorando y luchando con sus herencias, la mas de las veces acosados, descalzos y hambrientos.
Cada 24 horas, una épica, se teje en silencio, en millones
de hogares: hemos logrado seguir con vida un día más, contra todo vaticinio y siendo o intentando ser -hasta el límite temerario de jugarnos la vida o apostar nuestros escasos patrimonios, por nuestros deseos de diferencia o alteridad- como queremos ser.
Pensando el llanto, como actividad- en cualquier edad, en cualquier lugar de la tierra, a nivel individual o privado- sin sonido –como cuando prescindes del audio, activando el control remoto, en una película o las noticias- allí donde solo las lagrimas corren, sin el concurso de ningún otro aditamento paralingüístico, orientado a remarcar su significación.
Trato de cambiar de orientación el pensamiento, entonces de la impotencia infantil, mi atención se desplaza a los rostros, sollozantes, cuando después de una catástrofe -o una obscenidad contemporánea- como el hambre, la desesperanza, terremoto, maremoto, guerra, ciclón, inundación o desalojos compulsivos, la violencia intrafamiliar o domestica, exilios, limpieza étnica, incendio, la perdida de un ser amado, destrucción del proceso democrático, el golpe militar, el feminicidio, la info-pobreza, la dictadura, la perdida de la soberanía -nacional o individual- la muerte, la sed -o la pobreza- extremas, la ignorancia, destrucción de templos, lugares de culto, adoración o las prohibiciones arbitrarias a cualquiera de los derechos o cultivo de las capacidades humanas: un grupo de personas, deja fluir sus lagrimas, como expresión colectiva, de su ingreso al club de las victimas de la historia, local y mundial.
La lágrima y el repertorio de muecas en los rostros, evidencian una performatividad -una fantasmidad, un
descorrerse en publico, hacia la ruptura de lo conocido y lo previsto, hacia la pantomima paradojal- distante -de los linderos del confort o la certidumbre- amargos despertares, de la creencia popularmente aceptada de que el día de ayer, no tenia necesidad de ser distinto al de mañana y viceversa. O lo que es lo mismo, que el cambio siempre será gradual, nunca abrupto, mucho menos fuera del control de quienes habrán de sentir -en la piel, en sus sueños y en sus proyectos vitales- sus impactos.
El anclaje precisado en los párrafos anteriores -como “shock” cultural y existencial- es la viva imagen del desconcierto, para quien desconoce lo difícil y lo complejo de las contingencias del vivir, labio a labio -cada palmo de una historia personal- a pocos milímetros, del riesgo, de la posibilidad de la ocurrencia de un siniestro, que nos transforme -en un santiamén y sin previo aviso- en damnificados, náufragos, mutilados, parapléjicos, minusválidos, viudos, huérfanos, refugiados, exiliados, prisioneros del azar, heridos de muerte, acosados, torturados, obligados a trabajar como bestias en condiciones y oficios peligrosos o insalubres, pacientes de sanatorios psiquiátricos, privados de la libertad de movimiento, enmudecidos por el horror, de no poder decidir si participar o no, ni como hacerlo, en la elección del tipo de hoy y de mañana, que aspiramos a
vivir o ayudar a construir, víctimas silentes de la desmemoria y el punto final.
Ese instante esta marcando, escindiendo, sus vidas, innegablemente, en un antes y un después de tales hechos, cuya recuperación a las condiciones del segundo anterior a su advenimiento, casi siempre implica un proceso tortuoso, intrincado, incierto, en términos de plazos o temporalidades, para escalar desde el noveno circulo del infierno de Dante, hasta el limbo -jurídico, educacional, afectivo, sanitario o económico- y de allí, luego de nuevos llantos, sudores y sacrificios, tocar por vez primera, a la humanidad, como la predican los libros.
El infortunio, llega en ocasiones, de repente, aunque suele mediar un tiempo inexacto, entre el llanto y la risa, colectivas, a diferencia de los satisfactores pensables, para calmar la angustia de un niño pequeño, en ocasiones, un poco de leche o un caramelo, bastan.
En el mundo de los intangibles- las aspiraciones, las expectativas, los suenos, las creencias, las ideas, los derechos, como en las posesiones materiales- la colocación en el escenario de quien en un instante, por una mala jugada de la naturaleza o la sociedad crispadas, lo pierden todo o casi todo.
Tal todo -a los ojos de quien no ha invertido o sacrificado nada para reunirlo, producirlo, transmitirlo, conservarlo o enriquecerlo- puede resultar de escaso valor, primitivo, naïve, cuando se pone en la balanza, de lo que puede ganar el otro, suprimiendo, tal acervo a favor de sus intereses, sobre todo mercuriales, estéticos, filosóficos, de la moda -o la propuesta- de nuevos imaginarios, en su sustitución. Se olvida en tales apreciaciones, que los contenidos del aprendizaje, la valoración de las herramientas, los ritmos y prioridades de desarrollo, son personales o contextualizados en comunidades concretamente determinadas, homogenizadas, a fuerza de compartir tal agenda de descubrimiento y acción, siguiendo patrones adaptativos a entornos, con por factores analizados, mas o menos sistemáticamente, hace mas de un siglo.
Mas, desde la perspectiva de las víctimas de tales intervenciones -naturales y humanas- ocurre que tales patrimonios, muchas veces solo intangibles, en lo individual, en lo familiar, o en lo comunitario, son percibidos, valorados o juzgados valiosos, dentro de la lógica de los capitales simbólicos y comunitarios y los pasadizos que conectan estos con la vida cotidiana, imperturbable -antes del acaecimiento del siniestro o cambio, o tragedia – a los ojos de quien ha vivido en dicho entorno, de referentes simbólicos, por generaciones. Se trata de todo aquello considerado propio, sagrado, particular, diverso, único.
No siempre tales visiones alcanzan a documentarse, sino que más bien procuran ser obliteradas, invisibilizadas, como efectos o daños colaterales, inevitables, en aras del
logro de beneficios en la calidad y estilo de vida, de quienes los padecen, a quien en ocasiones, se considera incapaz o inferior, para evaluar objetivamente la conveniencia técnica o tecnocratita, del anunciado bienestar, a futuro, desde la racionalidad técnica, tecnológica, urbanística, religiosa, política militar o instrumental, que le sirven de soporte o justificación, en la razón de Estado.
Un ejemplo clásico, de una dramática decisión gerencial - con consecuencias históricas, políticas y económicas, aun presentes- aunque inicialmente parecía conveniente, útil y beneficiosa al interés o meta perseguida, en el corto plazo, son las Despoblaciones de la Banda Occidental y Central, de la Isla Hispaniola -ordenada por la Corona Española, en 1605 y 1606- administradas y ejecutadas, por el Gobernador Osorio- Un proyecto de decisión
administrativa que no mide las consecuencias del modo en que pretende resolver un problema o varios conexos, en el tiempo y el espacio: en la medida en que desconoce lo estratégico, siempre es una perdida neta de oportunidad, de crecimiento, de bienestar, en el mediano y largo plazos, independientemente de que en la cúpula de la estructura administrativa, parezca insignificante o que múltiples grupos de interés presión, sin estudios adecuados -de sus múltiples impactos en lo diacrónico y lo sincrónico- para su adopción.
En algunos casos, la víctima –algunos pretenden llamarlo
“beneficiario”, del cambio abrupto, caprichoso e inconsulto-cuando no tiene mas camino a la vista para sobrevivir, que el previamente conocido, o cuando posee otras prioridades, encontradas, se resiste al cambio, en la medida en que entiende que aprendido e internalizado como lo propio -hasta los limites del chauvinismo, el fundamentalismo o el etnocentrismo- es aquello por lo cual, vale la pena vivir o morir, para preservar o defender, en tanto le identifica o diferencia, siendo transmitido de generación en generación, por sus mas venerados antepasados, quienes a su vez aportaron tiempo, inteligencia y esfuerzos, para delimitar, enriquecer, preservar y transmitir las identidades o las herencias, tenidas como propias, por las generaciones actuales, al momento de la disyuntiva para elegir entre cambio y tradición.
Pretender hacernos tomar partido, por lo blanco o lo negro, sumarnos en el tiempo presente al maniqueísmo de la peor factura, es olvidar que vivimos en otro siglo, no en el Medioevo. Y que en las sociedades actuales, muchas personas han aprendido a utilizar sistemáticamente la duda y el descreimiento de las promesas, por bien intencionadas que parezcan, independientemente de que se nutran de una parafernalia persuasiva, que en ocasiones sorprende por en unos casos, por su torpeza; mientras que en otros la
manipulación o pretensión instrumental, nos deja boquiabiertos, por la capacidad de calculo, conocimiento de los resortes para despertar emociones -o por las inversiones previas- relacionadas con su nivel de sofisticación propositiva.
Los grandes “iluminados”, del liderazgo mesiánico y carismático, en los siglos XIX y XX, en la mayoría de los
casos han resultado un fraude, bajo cuyo ropaje de mansas ovejas, ocultan las garras de férreas dictaduras o lo que es lo mismo, la yugulación del disenso, de las libertades y de opciones emergentes en lo administrativo para abrirse paso -en la trama de los intereses creados- desde la base de la sociedad, con un plan o programa de
reformas, en pos del bienestar, prometidos en principio, para el común de los habitantes de sus respectivos territorios o demarcaciones.
La distancia en el tiempo y en la maduración de las instituciones, los valores y las expectativas de las personas, en torno a lo sostenido anteriormente, es en parte lo que hace engrosar el numero en todo el mundo de los dudantes -librepensadores y desencantados- que se resisten a poner sus respectivos talentos, desde el
panfleto o la propaganda, a la zaga -o en la retaguardia, como inteligencias grises- de las ideologías y los ideólogos, abandonando, el rol de “tontos útiles”, que le asignaban muchos movimientos sociales, políticos y religiosos, al trabajo intelectual- a los sonadores de
toda laya- en los procesos de cambio paradigmal, del Romanticismo a la fecha.
La cantidad de información acumulada, en todas las ideologías en los últimos dos siglos, para justificar este cambio de actitud, por un grupo numeroso de trabajadores del conocimiento, no implica, necesariamente, la cauterización de la conciencia critica, o la ruptura del compromiso ético y filosófico, con la contribución a la interrogación, para el mejoramiento de las condiciones de vida, material y espiritual, en la humanidad, sino una re redelimitación, de lo qué puede
esperar – de lo que no, puede ni sonar, a traves de el- dicho sector, del poder, en los procesos de cambio, sustancial, a escala local y planetaria.
Precisamente los factores enumerados en párrafos anteriores, son los que catalizan la resistencia, dificultando, que las personas -medianamente informadas- se sumen a cruzadas de intolerancia, donde, la inspiración se toma por norma la defensa de los esencialismos, dejando de lado, los infinitos híbridos resultantes de tal proceso de contratación, con la realidad, mas allá de los fatalismos o determinismos, fanáticos, que en ocasiones, nos hacen indiferencia a apocalípticos e integrados, no solo en los discursos, sino en sus practicas mediáticas – en principio de tipo demostrativo o educacional- en tanto expresiones de una misma construcción metafísica y excluyente, del ciudadano y la ciudadana comunes, por estos paladines del elitismo, el purismo decadente y auto referenciado.
Del otro lado de la mesa -cuando se repiten como comedia o como tragedia- tales escenarios o problemas en la vida de las naciones o comunidades, están: las urgencias de los planes estratégicos, de reforma o cambio, en el caso de las sociedades, con gobernantes y gobernados, tensión que tiende a originar notorios traumas, no siempre cicatrizables con el transcurso medicante del tiempo, o el olvido.
Una vieja palabra -solidaridad- como expresión del legado de la Revolución Francesa y su divisa –“liberté, égalité, fraternité”- marca usualmente, como una bandera unitaria de humanidad, las convocatorias de organizaciones -como EPA, Green Peace, Human Watch, Amnistía Internacional, ACLU, o los movimientos sociales, reivindicativos de la sostenibilidad, entre otros, que poseen como un hilo conductor, la juridicidad, lo ético y la humanidad -en su riqueza, expresiva, lingüística, cultural, paisajística, tangible e intangible- desde la creación de políticas publicas para la no discriminación, la defensa de las especies en vías de extinción, la prevención y sanción adecuada para quienes se interrelación con la naturaleza o la sociedad, en lo publico o lo privado, valiéndose de malos tratos -contra personas, colectivos vulnerables, emigrantes, minusválidos, ancianos, mujeres, pobres, minorías, plantas o animales- las depredaciones, las violaciones de la tolerancia o del clima de respeto, a la diversidad de las culturas, las lenguas, los ecosistemas, en peligro o amenazados, en prácticamente cualquier lugar del mundo.
En cierto modo la participación en redes sociales, humanas y tecnológicas, han creado un perfil, que separa humanidad de deshumanización, egoísmo del altruismo, las visiones de corto plazo centradas en la maximización de las utilidades, de otros enfoques como la responsabilidad corporativa, la sostenibilidad, el desarrollo humano, en la construcción de un planeta -un vecindario, un municipio, un continente, una empresa, una familia, una nación o una región- compromisorias, con la presente y las futuras generaciones, en la defensa de la vida, la libertad o el aprovechamiento o producción de la riqueza, mediante procedimientos de tipo extractivo o transformativo.
Al menos dos visiones, antitéticas -sobre la economía, la organización social y cultural de la sociedad, en la construcción del modelo de desarrollo, de base amplia o
socialmente inclusiva se encuentran en tensión, prácticamente, en cualquier lugar del mundo, al menos en cualquier lugar, donde circulen libremente las ideas y las noticias, las ciencias, las artes, las tecnologías.
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